domingo, 15 de marzo de 2015

Enséñame a pensar.

Has vuelto a volver y esta vez ni siquiera te habías ido.
Estaba muy tranquila (o puede que no tanto) arrodillada y limpiando el suelo invadido de gotas de mis ilusiones absurdas que habían explotado sin darme yo cuenta.
Tenía la habitación casi perfecta pero tenías que venir tú a ponerme la almohada al otro lado de la cama de nuevo.
Tenías que aparecer para coger esos trocitos de ilusión esparcidos y volver a ponerlos a volar siendo así casi libres.
Pues si, tenías que hacerlo.
Y gracias.
Pero ¿y ahora qué? ¿qué va a pasar?
Tres días son pocos y demasiado intensos.
Tendrías que volver a hacerlo.