lunes, 13 de abril de 2015

Entre las vías del tren de la estación más próxima a tu casa.

El único chico que me quería (y nunca antes había utilizado mejor esta forma verbal) no nació ni remotamente un día de sol.
Vaya, que tampoco estaba yo allí para apreciar la climatología de tal momento , pero el mes de enero es el más frío donde yo vivo.
Y el día que él nació, nacieron todas las amapolas, y no solo ellas sino todas las plantas que ahora me dan calambres y hacen que salten chispas de tan solo contemplarlas.

Y ese día no nací yo. Es más, no lo hice hasta pasados los diez meses, aunque estoy casi segura de que hacía el mismo frío invernal.

Y como dice la canción que parafraseo para que alguien pueda llegar a comprender a qué sentimientos me refiero cuando hablo de este único chico que me quería; "Me decía que me juraba 
que era imposible que me olvidara". Pero no solo lo decía, no solo lo juraba: también lo sentía y estoy muy convencida de ello.

Pero hace ya casi un mes que me olvidó. O incluso más tiempo.




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