jueves, 27 de agosto de 2015

V.

Nunca había llegado a conocer muy bien a V, puede que ni siquiera llegara a conocerla.

Existen algunos elementos como la oscuridad que empieza a llegar horas antes de caer la noche, la lluvia, la ropa de invierno, los paraguas y algunos acordes de piano que me hacen volver a vivir en la época en la que me sentía rodeada de gente diferente y que me fascinaba.

Solía jugar a aprenderme la mayor cantidad de datos posibles sobre personas a las que ni siquiera había llegado a oír la voz. Cuál era su nombre competo, si tenían pareja y quién era, si frecuentaban aquel sitio cerca del puerto los sábados, cuál era su canción favorita incluso a qué se dedicaba su familia. Y era realmente entretenido.

Nunca había llegado a conocer muy bien a V, puede que ni siquiera llegara a conocerla, pero recuerdo los colores del estampado de su falda del uniforme el día que se subió a aquel autobús que solía parar en mi casa y después en el centro, donde me gustaba imaginar que ella vivía.


Casi todos los días y  me quedaba con ganas de saltar mi parada y bajar de mi transporte habitual unas cuantas calles más cerca del mar, donde se encuentran algunos de mis sitios favoritos, para caminar sola con mi paraguas por las calles plenas de luces, coches y personas conocidas a las que no conocía muy bien. Y después de eso fantaseaba con saludar a todo el mundo y ver cómo eran sus a mi vista perfectas vidas llenas de emociones.

Pero nunca lo hice.

Y me arrepiento de no haberlo llevado a cabo.


Llevaba mucho tiempo escuchando hablar de ella y viendo sus fotos elegantes y llenas de vida cada vez que le daba al botón de encender. Sobre todo se lo escuchaba a un chico que tocaba el piano en los primeros ensayos de mi vida.


No recuerdo con exactitud cuándo fue la primera vez que tuve a V cerca, en persona y en la realidad.Estoy casi segura de que fue un sábado por la tarde, porque los sábados a partir de las seis siempre estábamos todos en esa zona cerca del puerto, pero se ve que no le presté mucha atención.

No solo los sábados eran días felices, casi prefería los viernes.

Los viernes todos iban siempre al mismo sitio y después cogían el autobús hacia sus respectivas casas.


Recuerdo maquillarme en exceso en algún espejito de mano para estar lo suficientemente preparada para la ocasión.

Casi nunca me paraba a charlar con las personas que me fascinaban pero era mágico estar rodeada de ellas, casi no prestaba atención a la conversación porque trataba de saber qué temas eran los más nuevos e importantes para ellos.

Y fue un viernes, había empezado a llover y yo iba vestida de negro riguroso, así me sentía un poco más elegante, de alguna manera yo también quería ser un poco como ellos. Casi por primera vez encontré un sitio en la parte de atrás, la cual no me suele gustar pero ese día me pareció buena idea. Y sin que yo me diera cuenta V avanzaba entre la multitud que se reunía en la misma linea de autobús de siempre.

Ella estudiaba en la calle de enfrente, y estoy casi segura de que vivía en la parte bonita y llena de vida de la ciudad. Ese día, como todos, vestía el mismo uniforme, pero ni siquiera recuerdo con quién iba.
Durante los diez escasos minutos de trayecto permanecí sentada a un par de asientos de ella, con los auriculares puestos escuchando nada y mirando al cristal donde se nos reflejaba.De cerca tenía una voz más aguda y una melena mucho más larga. 
Solo recuerdo que no dejó de reírse en todo el viaje.

Me sentí emocionada, el día que (casi) conocí a V (de nuevo, estuve a punto de seguir sus pasos).


Pero de esto hace ya más de tres febreros y medio. Todo ha cambiado mucho. Ahora me siento fascinada únicamente por una selección de personas mucho más pequeña y un poco más como yo y ya nadie frecuenta la zona cerca del puerto ni nadie toma la antigua linea de autobús, por lo menos en esa dirección.


Creo que ya no era capaz de recordar su nombre completo, no sabía si tenía pareja aunque sí quien era, no me acordaba de su voz y nunca supe cual era su canción favorita.

Había olvidado su fugaz y casi inexistente paso por mi vida e incluso algunas facciones de su rostro.

Hace menos de sesenta minutos he vuelto a ver su largo cabello, aunque haya sido a kilómetros y ni siquiera en persona.

Resulta que V me acaba de dar (indirectamente) el mejor consejo de todos los de mi vida, me ha explicado lo que tanta gente lleva ya dos años intentando explicarme. Es la única que me ha hecho mirar más allá y entender "nadie va a cambiar por ti, no va a hacerlo por nadie, y tú no te mereces esto: vete".

No digo que lo vaya a aplicar ahora a mi cambiada vida, pero al menos he conseguido comprenderlo.


Espero que nos conozcamos algún día.