martes, 29 de septiembre de 2015

Corpus Christi.

Esta historia es azul, con muchas luces y mucho sueño.

Sucedieron dos días tan bonitos y llenos de vida que mi mente no sé lo podía creer. Bailé con desconocidos mis canciones favoritas para bailar y saltar, fingí cantar porque mi voz ya se había retirado aunque me supiera todas y cada una de las canciones. Charlé con unos simpáticos irlandeses que decían que el rockabilly era la mejor música aunque de vez cuando recitaran a Pink Floyd, grité con miles de desconocidos que lo único que queríamos era estar muertos. También me enfadé un poco con unos ingleses drogadictos porque casi me quedo atrapada entre la multitud por culpa de sus corazones que ya no escuchan la música.
Pasé dos noches y media en el motor de un autobús, que era una caravana pero esa es otra historia. Me enamoré de ir en autobús, ya fuera interpretando canciones a la hora de empezar o durmiendo en el suelo cuando el sol está a punto de salir, pero fue el último día.
El último día ya empecé a comunicarme con gestos y a sentir que algo me ardía. Tenía tanto sueño que al parecer estaba hundida en sentimientos.
Solo unos pocos del grupo salimos corriendo entre la marea hacia el campo de césped que había bajando todas las cuestas, y allí fue.
Ya te había visto antes entre los versos que me solías cantar para poder serme sincero, pero decidí olvidarme un poco. Volviendo a la historia principal allí estaba ella, brillaba y a la vez se podía observar que su alma se sentía un poco como la mía.
Entonces fue cuando escuché una canción a la que no había prestado atención en mi vida. Tú estabas justo a mi lado.
No hacía cuatro días que no te veía pero me di cuenta de que sí te echaba de menos.

Después solo pude dormir entre la gente y las guitarras estridentes rodeadas de humo.
Al subir al autobús te volví a ver en otra canción y casi te grito, pero no lo hice.
Estaba tan cansada que me quedé dormida sentada y con la ropa puesta. Y allí estabas tú a las seis de la mañana, mirándome como un tonto arrepentido, seguro que en realidad has llorado mucho más que yo.
Ahí estabas aunque seguía sin poder tocarte.



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